Olas de vientos ascendentes y descendentes que generan grandes zonas
de diferencias de presión en la atmósfera, podrían
explicar la existencia de áreas sorprendentemente claras y “secas”,
próximas al ecuador joviano. Estos estudios forman parte de una
investigación reciente fundamentada en datos enviados por la sonda
Galileo.
Los científicos han estado tratando de comprender los elementos
que determinan la estabilidad de estos “agujeros cálidos” desde
que la sonda incursionó en uno de ellos hace cerca de 5 años.
Si se pudiera viajar en un globo y entrar en una de estas zonas calientes,
se experimentaría un violento ascenso vertical de unos 100 Km.,
más de 10 veces la altura del monte Everest.
Un grupo de científicos propuso que gas moviéndose desde
el oeste hacia el este justo al norte del ecuador joviano también
lo hace hacia arriba y hacia abajo abruptamente en un período de
pocos días. Los vapores de agua y amoníaco se condensan para
formar nubes a medida que este vapor asciende, generando plumas de color
blanquecino.
Luego la masa de gases cae en remolino formando un agujero en las nubes.
Inmediatamente después de cruzar los sectores más calientes,
los gases se elevan nuevamente para retomar su estado nuboso normal.
Los investigadores desarrollaron una simulación computarizada
que recrea las características conocidas de los orificios calientes,
como así también de las plumas nubosas partiendo de un estado
de gran diferencia de presiones.
Los científicos opinan que las menores diferencias de presiones
no producen patrones estables. No existen orificios cálidos débiles,
sólo existen aquellos con gran actividad.
Durante el descenso de una hora que realizara la sonda Galileo el 7
de Diciembre de 1995, envió la única medición directa
de parámetros atmosféricos jovianos que se conoce. El equipo
científico rápidamente tomó conciencia que el lugar
de descenso constituía una particularidad. En un planeta mayormente
envuelto en densas y grandes nubes, el aparato ingresó sobre el
borde sur de una zona despejada donde la radiación de energía
infrarroja proveniente del interior del planeta podía verse brillar
(en visión infrarroja).
La simulación computarizada revela que el sitio de entrada de
la sonda en realidad constituye una zona con características mucho
más particulares de la que se pensó en un principio, puesto
que tanto la simulación como la sonda misma muestran que la cabeza
de los vientos en el borde sur de una mancha cálida se tornan más
enérgicos a medida que se va profundizando hacia la superficie del
planeta. Pero en el modelo virtual esta tendencia se revierte para el extremo
norte de la mancha, abriendo un preliminar de gran importancia para las
futuras misiones que estudien Júpiter.
Las manchas u orificios cálidos ya se conocían con anterioridad,
pero su profundidad fue realmente una sorpresa, por lo que un mejor nombre
para ellas podría llegar a ser “manchas brillantes” puesto que su
temperatura es solamente alrededor de los 32º F, o 0o C (hasta donde
pudo sondearse). No debemos olvidar que esto es relativamente templado
si se compara con el vecindario de 200º F bajo cero (-130º C).
Cada mancha caliente tiene un tamaño aproximado similar a América
del Norte y perdura por meses, alternando con plumas nubosas en una banda
cercana al ecuador. De alguna manera las llamadas áreas secas o
despejadas donde grandes masas retorcidas de gases se encuentran descendiendo,
se parecen a desiertos subtropicales de la Tierra. Júpiter no posee
una superficie firme para sostener y detener la precipitación de
gases. Todas estas manchas cálidas combinadas constituyen menos
del 1% del área global de Júpiter, pero el conocimiento de
cómo permanecen estables es importante para el entendimiento de
la dinámica atmosférica de cualquier planeta.
Las imágenes
Imagen 1
Este montaje de imágenes en color real y falso color respectivamente,
tomada por la sonda Galileo muestra un hoyo caliente sobre la zona ecuatorial
del planeta Júpiter.
Las tomas cubren una zona de 34.000 Km por 11.000 Km. El componente
superior combina los efectos de filtros violeta e infrarrojo cercano para
crear una visión del planeta similar a como se vería con
el ojo humano.
Las diferencias de coloración se deben a la composición
y abundancia de elementos químicos en la atmósfera del planta.
El componente inferior evidencia la acción de tres longitudes
de onda luminosa en rojo, verde y azul para mostrar las variaciones en
la altura y el espesor del patrón de nubosidad.
Las nubes que aparecen azuladas son delgadas y altas, mientras que
las rojizas son bajas, y las blancas son altas y densas.
La mancha caliente aparece en un color azul oscuro sobre el centro
de la imagen y constituye un orificio en la configuración nebular
con una delgada bruma en el borde.
La región azul clara que aparece a la izquierda está
cubierta por una capa de neblina muy alta. La región multicolor
de la derecha no es más que una superposición de capas nubosas
de diferentes altitudes.
Galileo es el primer vehículo espacial que logró distinguir
capas nubosas en el planeta Júpiter.
El Norte se encuentra arriba. El mosaico abarca latitudes de 1 a 10
grados y está centrada a 336 grados de longitud Oeste. La menor
porción resuelta en la imagen es de alrededor de pocas decenas de
kilómetros.
Estas imágenes fueron capturadas a una distancia del planeta
de 1.5 millones de kilómetros, por el sistema conocido como Solid
State Imaging, a bordo de Galileo.
Imagen 2
Este mosaico fotográfico logrado por Galileo, cubre un sector
de 34.000 kilómetros por 22.000 kilómetros de la región
del Ecuador joviano.
La región oscura cerca del centro de la imagen es una mancha
caliente ecuatorial similar a aquella sobre la cual cayó la sonda
de prueba descendiendo en paracaídas a través de la atmósfera
de Júpiter en Diciembre de 1995.
Estas configuraciones son orificios en la brillante y reflectiva capa
nubosa ecuatorial, donde el calor proveniente de la atmósfera profunda
del planeta, puede atravesarla. Los patrones de circulación observados
aquí, y a todo lo largo de las mediciones atmosféricas que
efectuó la sonda de prueba de Galileo, sugieren que gas seco posiblemente
está convergiendo y se hunde en estas regiones, manteniendo la apariencia
libre de nubes.
El óvalo brillante que aparece arriba a la derecha en el mosaico,
lo mismo que las otras configuraciones brillantes mas pequeñas,
son ejemplos de formación de rocío y condensación.
Estas imágenes fueron capturadas a una distancia de 1.5 millones
de kilómetros por el sistema llamado Solid State Imaging, a bordo
de Galileo.
El Norte se encuentra arriba, el mosaico cubre latitudes desde
1 a 19 grados y está centrada a 336 grados de longitud Oeste.
La resolución es de unas pocas decenas de kilómetros.